miércoles, 9 de septiembre de 2015

La lluvia

La lluvia no me gusta. No me gusta cuando estoy en la calle y llueve. Eso me desespera, me hace sentir que la ciudad y todo a mí alrededor está sucio. No sé cómo explicarlo… Además, me pone nostálgica. Muy… Y me quita las ganas de hacer las cosas. Entonces me pongo contemplativa y triste, y quiero quedarme en cama todo el día.

No me gusta la lluvia. Mirarla desde una ventana de cristal me gusta un poco. Me calma por unos instantes si la veo estando en la montaña o en un lugar con mucha vegetación, pero después me pongo como describí anteriormente y por eso no me gusta. Hay días que llueve bonito, lo reconozco. Como con esa calma, como que la lluvia no tiene prisa por caer y sólo cae y suena con las calles y los techos. Y entonces me pongo contemplativa otra vez. 

De pequeña, me bañé muchas veces bajo la lluvia. Era una de mis cosas favoritas. La última vez que lo hice, que fue hace un par de años, creo, lloré… Y fue tan bonito y mágico y liberador y extraño. El agua caía sobre mí y con ella se mezclaban mis lágrimas. Y me sentí purificada, limpia. Esa vez necesitaba eso. Fue una cosa rarísima…*


*Nota: Gracias a un escritor amigo que le dio unos toques de magia ;)