Y de repente en esa ventana de chat apareció la pregunta que lo cambiaría todo:
“¿Por qué te casaste con tu esposa?”
Y lo entendió. Se dio cuenta de que no podía responder. ¿Acaso lo había olvidado o nunca tuvo una razón concreta y real para casarse con Laura? ¿Era esta una treta de Ana para hacerle tambalear o algo parecido? No. No lo creía. Ana no era así. Rara vez hacía referencia a Laura, sabía cuáles eran sus fronteras y nunca iba más allá. Se notaba que era curiosidad pura y dura, esa curiosidad que veía en sus ojos en las fotos que posteaba, que demostraba siempre que hablaban, que la hacía tan intelectualmente atractiva y le daban ganas de…, pero volviendo al asunto, ¿por qué diantres se había casado con Laura? No era posible no tener una respuesta. Siempre sintió que era lo correcto, pero nadie nunca, ni siquiera la misma Laura, le había hecho esa pregunta, es más, ni él mismo se atrevió nunca a cuestionar la decisión de unir su vida a la de su mujer. Supuso entonces, que todos, hasta él dieron por descontado que la amaba, y cuando amas a alguien, ese es el paso natural, ¿o no?
Amaba a Laura, de eso estaba convencido, pero… ¿por qué se había casado con ella? Pues por amor, idiota. Pero, ¿se atrevería a afirmar ante Ana que amaba a Laura?, ¿por qué sentía que esa respuesta no era suficiente? Que debía dar más explicaciones. ¿No puede el amor ser motivo suficiente para casarte con alguien?
Y empezó a explicar. Pasó por todas las posibles respuestas y no fue capaz de decirle a Ana que se había casado con Laura porque la amaba. De entre todas las explicaciones posibles, “Porque la amo”, no era una respuesta y eso que escribió unos cuatro párrafos. ¿No amaba a Laura? ¡Eso sí que era nuevo!
Luego de dejar satisfecha la curiosidad de su amiga y teorizar sobre el comportamiento de sus pares. Joaquín se sentó en la sala y razonó sobre el por qué de su matrimonio con Laura, sólo para concluir que sí, que la amaba, pero que como todo en la vida, al amor el uso también lo desgasta. Estaba claro para él que lo que sentía por Laura ahora no era igual que lo que sintió antes de llevarla al altar. Siete años de matrimonio habían transformado ese amor. La seguía respetando, continuaba queriendo hacerle el amor, quiriendo lo mejor para ella, contándole cosas y queriendo encontrarla cada día al regresar a casa (aunque algunas veces no. Le encantaba por ejemplo, que Laura se tomara días para ella y que respetara su espacio, por eso se llevaban tan bien, Laura no es una mujer absorbente, al contrario, era como ser amigos a pesar del bebé que esperan juntos, será como un reto nuevo en su relación, eso a Joaquín no le preocupa), hablar con Ana no era como engañar a su mujer, la seguía prefiriendo a ella a la Laura que tampoco era la misma que conoció hace unos quince años, aunque pelearan un poco más que al principio, le gustaba la comodidad que representaba para él estar ya acoplado a su compañera y pensó que podría seguir así una buenas décadas más, aunque las Anas fueran y vinieran, sólo habría una Laura, y era suya.