Después del placer nos acostamos en la cama, a darnos besos, a hablar de cosas, de personas,a acariciarnos, a abrazarnos, a contarnos nuestras aventuras amorosas con otras personas, a herirnos, a repetirnos mentalmente y como subtexto en cada frase que no, que no puede ser, que lo nuestro no puede pasar de ahí ni salir de aquellas cuatro paredes, que tenemos un trato, hicimos una promesa.
Mis pensamientos, las palabras que no acierto a decirle se quedan en aquella cama, entre las paredes de aquella habitación, se esparcen por el suelo, mojan las sábanas, llenan el espacio y se escapan por la ventana y nos siguen al baño mientras nos duchamos y se van por la coladera junto con el agua mientras ambos hablamos de cosas banales y nos besamos y nos tocamos todo menos el alma.
Un polvo, dos, una ducha, ponernos la ropa y a la calle, a pretender otra vez que no pasa nada, que no nos pasa nada. Nos alentamos a estar con otras personas, lo nuestro no es factible, no. Simplemente no.
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