viernes, 22 de mayo de 2015

Ejercicio (editado)

Llueve y estoy sola en un bar de la ciudad. Consciente de que habría sido más romántico decir Bueno Aires o Madrid pero estoy en otro continente y Santiago es el nombre de esta ciudad, la misma que me vio nacer y crecer y la misma que espero algún día me vea morir. El trago tiene más alcohol que todo lo que he tomado antes y no me importa, también me van a cobrar carísimo; un señor que se veía pudiente ya se ha quejado y dejó su trago, pago, en la barra; pero eso tampoco me importa. Suena a lo lejos un merengue típico, el Prodigio canta una canción del Terror y yo quiero pararme a bailar, pero estoy sola. Sola en este bar, sintiendo el alcohol en mi aliento y consciente de que no he comido nada y de que es posible que pase sola toda la noche. Triste situación, pueden pensar los transeúntes y hasta los camareros y el bartender. Pero yo no me siento triste y tampoco exageradamente sola. Estoy conmigo misma, estoy enseñándome a estar conmigo misma, a disfrutar de mi compañía.
El plan es ir al cine pero no creo que acabe el trago antes de las 6:50, son las 6:12. Sigo con ganas de bailar y prometo que si estuviera acompañada ya me habría parado a hacerlo. Últimamente me encanta bailar y estoy dispuesta a hacerlo todo el tiempo, es parte de mi nuevo yo. Sorbo a sorbo, comprendo lo inconveniente y reckless de estar tomando sin nada en el estómago. Quiero tener valor esta noche para aceptar que estoy sola.
Un padre aúpa a su niña y recuerdo que tengo muy pocos recuerdos de mi niñez y eso me entristece a veces, pero supongo que uno recuerda lo necesario.
Estoy ahora debatiéndome entre Cerati, que suena en el bar en que estoy sentada y el merengue de Banda Real que suena a lo lejos, donde sonaba el anterior y descubro que así soy yo. “Come de mi carne de Cerati” y “Como yo te quiero” de Juan Luis Guerra. Tan ambivalente y única, tan yo y eso me encanta.
Saludar con felicidad genuina a pesar de los propios pesares y sin importar lo que piensen los demás. Un compañero de trabajo me ha visto sentada, sola, tomando, en verdad es su esposa quien me ha reconocido y le ha hecho voltear a saludarme. Está bien, pienso.
Sigo queriendo bailar. “Todo tiene su tiempo” de Juan Luis suena en el bar lejano mientras aquí suena una del Licenciado Cantinas, una que no conozco pero que es de antes de que se pusiera a cantar rancheras. Cuántos recuerdos me trae su voz. Recuerdos de un amor lejano e intenso.
No llevo la mitad del trago y ya me estoy mareando. Suerte que la flota tiene minutos y puedo llamar a Marle o a un taxi que venga a recogerme los huesos a la Plaza bonita, la que está casi vacía y donde venden overpriced.
Tengo el valor de releerlo todo y corregir el texto. Estoy en el celular y algunas veces el autocorrector va por donde se le canta. Eso me irrita siempre, pero no hoy.
Tengo ganas, de pronto, de esta en Cabarete o en el bar lejano bailando "Ella no está enamorá de mí", hasta abajo, con un desconocido. He decidido que publicare esto en mi blog, tal cual. Es un buen ejercicio.
Son las 6:27, pronto no podré coordinar ni mis pensamientos, mucho menos mis pasos fuera de esta plaza. Pero sigo tomando, me lo van a cobrar igual y no vale la pena dejarlo aquí. Además, está buenísimo. No sé tampoco si después del trago me quede dignidad para no llamar al amiguito de turno y ver qué decidió. Ojalá pueda ir a ver la película, aunque lo más probable es que me dé un ataque de… lo que sea (ah, sí, sensatez era la palabra) y que me vaya a casa. 6:29 y el trago está por más de la mitad. ¿Qué será lo que tanto chateo?, pensarán los del bar. El celular casi se descarga. Dejaré la nota aquí, por ahora.
Me casaré cuando se me cante. El pensamiento me vino del tipo de al lado que dijo, tras ser interpelado por el bartender, que se casará a los cuarenta, que sólo le faltan once años para eso.
Pienso en que no sé cómo rayos me voy a parar decentemente de esta silla. Jajajaja. Ya estoy que me río sola. ¿Se bailará en el bar lejano? Porque todo lo que hacen es poner música bailable y yo ni sé si ahí se baila. Creo que no y no le veo el punto a poner música bailable donde no se puede bailar. Este ejercicio me resulta divertido.
Voy a llamar.
Nop, eso no sirvió para un carajo. Estoy definitivamente sola. No tengo siquiera alguien a quién pueda usar, es increíble y hasta indignante. Coño, con lo buena que estoy. Quizá tenga que ver más con lo buena que soy... O con lo pendeja.
Eso es lo malo de esta ciudad, la gente no se arriesga. En una zona costera ya hubiese encontrado a alguien, pero así es la vida. Deja tomarme esto que no parece acabarse nunca y largarme a la mierda de una buena vez.
Dios bendiga el autocorrector. Buenas noches. Me sorprende que la batería me diera para tanto.
Ojalá pudiera llegar a la casa vacía, desnudarme, poner música suave, llorar un rato y dormir.

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