Con el tiempo descubres que tantas cosas de las que querías no son las que verdaderamente necesitas y por eso sufriste. Tuviste que dejar ir cosas que realmente te habías convencido a tí misma que eran necesarias y buenas para ti. Ya tuviste que dejar ir al "amor de tu vida", Ya tuviste que ver partir a la persona que más querías en el mundo y descubriste que, ante todo y pase lo que pase, la vida prevalece, sigue ahí, caminando y cambiando y cambiándote el panorama y la perspectiva. Ya tuviste que dejar ir amigos también. Descubriste que ser popular y conocer mucha gente no es lo que importa sino tener a esa red de apoyo, esos pocos buenos y grandes amigos que, pase lo que pase, siempre van a estar ahí, no siempre de tu lado, pero sí a tu lado.
Entiendes el valor del desapego y la diferencia entre egoísmo y amor propio.
Descubriste además, que tus padres no son lo que pensabas, hace un tiempo ya, durante tu adolescencia, los descubriste como los seres humanos e imperfectos que son e hiciste conciencia del daño que te hicieron algunas de sus acciones, pero ahora los entiendes, has empezado a descubrir por qué son cómo son, que son personas y que tienen derecho a equivocarse y te preguntas qué equivocaciones cometerás o no con tus hijos. Has aprendido de ellos tanto lo que idealmente debes y lo que no debes hacer en la crianza de tus propios retoños y, sin importar lo malo que hayan hecho, se los agradeces.
Ahora entiendes las razones de las cosas negativas que te pasaron hace años, eres consciente de que eres la suma de las experiencias vividas y estás en camino de estar conforme con todas ellas y has descubierto que el tiempo es el padre de todas las respuestas y que el que busca, encuentra.
Descubriste también que no estás para nada donde creíste que estarías cuando eras una niña y tener 25 era ser vieja y estar casada y haber sido madre al menos de dos niños... eres consciente de que no estás preparada para dar ese gran paso por ahora y poco a poco ha dejado de desesperarte la idea de quedarte jamona.
Has crecido, querida, has crecido. Y lo hiciste poco a poco y sin afán, con cada golpe y caída y lágrima y sonrisa o carcajada. Fue casi sin darte cuenta, pero ahora que miras hacia atrás y ves la diferencia y evalúas el trayecto, puedes sentirte orgullosa de quién eres (el resultado de tu propia batalla) y estar segura de que si ya pasaste por tanto, podrás con todo lo que pueda venir, aunque en el momento lo dudes, estás preparada.
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