jueves, 28 de mayo de 2015

Soñábamos con recuerdos

Amábamos la literatura y todas soñábamos con ser la Maga, la Vèra, la Bruja, la Virginia, con ser salvadoras o trágicas, recordables, dejar huellas, ser únicas, especiales, merecedoras del amor de un sátiro, un amor tumultuoso e inconstante, rabioso, extraño, un amor que sólo entenderíamos nosotras y el amado, nadie más. Esa burbuja mágica en la que el exterior no cabe. Soñábamos con ser llama y flecha y motivo y luz y oscuridad y remanso y manantial y torrente, todo al mismo tiempo. Vivir esas historias que sólo traen las noches de bohemia, esas que se guardan en el mejor lugar de la memoria para ser contadas a las nietas para que sepan que no siempre fuimos estas abuelas que seremos, para que sepan que vivimos la vida y que entre ellas y nosotras no hay tal diferencia y principalmente, para recordarnos a nosotras mismas que no todo fue en vano, que vivimos, que inspiramos canciones y poemas y cortos o películas (o al menos fuimos las que sonreíamos mientras los veíamos crear o tocar, o declamar y destapábamos las botellas y asentíamos y soportábamos los períodos de frustración creativa o los guiábamos en sus procesos y los retábamos a mejorar o éramos inspiradas también y creábamos lo propio), recordar que fuimos parte de algo importante, que vivimos.

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